JULIÁN LUIS MEDINA, UN PINTOR ENTRE DOS COMUNIDADES

Por Francisco Clavijo Viózquez.

Amigos de los Museos de Castellar

 


 

 29 de noviembre de 2003

                         

 

La delgada línea que divide geográficamente dos provincias, e incluso dos regiones, sólo existe en los mapas que delimitan nuestro hermoso país. Olvidando esas fronteras geográficas muchos paisanos nuestros, al igual que muchos otros vecinos de más allá de la línea, se han movido entre comunidades por cuestiones sociales o laborales. Descubrimos, por tanto, que las fronteras y divisiones no existen en realidad, la forma de vida se fusiona en las zonas limítrofes y apenas existen diferencias en el sentir de sus gentes.

Es en esta zona limítrofe donde nace Julián Luis Medina. Su infancia y su juventud se desarrollan en Puebla del Príncipe (Ciudad Real), lugar donde empieza a utilizar sus primeros lápices. Desde muy niño, por las razones expresadas anteriormente, se mueve entre las dos provincias, nunca separadas en sus sentimientos, ya que antepasados suyos descansan eternamente en tierras del Condado y, ahora su hijo, el travieso, avispado y simpático David, crece aquí entre nosotros. Y es que, como él mismo dice: "Mejor que partir el corazón en dos mitades para amar las dos regiones (Andalucía y Castilla‑La Mancha) es agrandarlo para amar a las dos por igual. Las dos tienen la luz del sol y el color con matices y en mi obra pretendo plasmar esa fusión".

Desde siempre Julián Luis ha mantenido inquietudes y aptitudes para la pintura, donde se ha refugiado para sentirse identificado con la creación de una obra realista, llena de fuerza y de una luz íntima que nos hace contemplarla con agrado. Es en esta etapa de su vida cuando comienza a tomarse en serio la pintura y esta dedicación a ella hace que su obra crezca. Con el cambio de siglo decide mostrarla al público y su currículum, al mismo tiempo que crece, se está forjando con el tiempo y numerosas exposiciones, como la que presenta ahora en Castellar, numerosos premios y reseñas en prensa, intentan, poco a poco, abrirle un hueco en este difícil mundo de la pintura.

P. ‑¿Cuándo comenzaste a pintar?

R. ‑Las inquietudes más intensas se tienen en la infancia y en la juventud. Desde muy pequeño ya intentaba cosas en papeles viejos e incluso en papel de envolver la compra. En el colegio se organizaron dos concursos de pintura y fui ganador de los dos. Poco después pasé al Instituto y me encargaban realizar carteles y dibujos para las actividades que se organizaban. Recuerdo que en una ocasión se organizó un concurso de postales navideñas y me presenté con veintiuna obras, también fui el ganador. Por aquella época hice mis primeras pinturas murales en locales de la zona. Fue ya en la mili cuando comencé a pintar retratos, ganándome unas pesetillas de entonces pintando a novias de mis compañeros.

Luego hubo un tiempo en el cual, por motivos laborales, dejé de crear, salvo el periodo del 90 al 93 en que hice una incursión en algo relacionado con la pintura. Fueron las clases de manualidades organizadas por Cáritas, en los locales de la Colegiata, y en las cuales participé como monitor.. Volví después a tomar contacto definitivo con la pintura gracias al Certamen de Castellar y, a partir de entonces, dedico mi tiempo libre a lo que me gusta. Poco a poco fui reuniendo mi obra, hasta que en el año 2000 mi amigo y mentor Fermín Serrano me animó a realizar mi primera exposición en público. Fue en Villanueva de los Infantes donde presenté treinta y dos obras que tuvieron muy buena acogida (en cinco días que duró la exposición se vendieron trece cuadros). Esa primera exposición fue el espaldarazo que me animó aún más a seguir dedicándole más tiempo a la pintura. Luego siguieron más exposiciones y el reconocimiento de la gente, volviendo a realizar labores de monitor de iniciación a la pintura en las universidades populares de dos pueblos. En estos momentos, dedicándole trabajo y tiempo, aquí estamos intentando abrir un hueco en este difícil mundo.

 

1º premio pintores locales. III Certamen Pintura Rápida de Castellar. 2º sábado de mayo  2001

 P. ‑¿Cómo definirías tu pintura?

R. ‑En definitiva y simplificando, yo pretendo pintar composiciones de volúmenes y formas que despierten alguna sensación en mí, y a la vez intentar que el que mira sea capaz de sentir también algo, que no le deje indiferente. Esas sensaciones no tienen por qué ser las mismas, pero lo que pretendo es que exista comunicación entre creador y espectador.

 P. ‑¿Qué ternas y técnicas eliges?

 R. ‑Los temas son variados, pasando del bodegón a interiores, retratos, etc. La técnica generalmente se sustenta en soportes de madera, usando el óleo, la técnica mixta y principalmente el acrílico.

P. ‑¿Qué te impulsa a pintar?

R. ‑Explicar los impulsos siempre nos resulta difícil, pero si estos nos llevan a hacer actos buenos siempre serán bienvenidos. Expreso en mis tablas sensaciones y matices para que la gente, al verlos, disfrute a la vez que se intenta conseguir un equilibrio emocional entre nosotros.

P. ‑¿Cuáles son tus pintores preferidos?

R. ‑Mis preferidos son los clásicos y los que están enmarcados dentro del movimiento del realismo. Sería interminable enumerar una lista y me dejaría a muchos, algunos conocidos y otros no. Pero yo no desprecio otros movimientos y, cuando viajo, siempre empleo todo el tiempo que puedo en ver museos y exposiciones. La verdad es que son muchas las horas, nunca perdidas, admirando pinturas e intentando enriquecerme con matices y técnicas. En realidad uno está continuamente aprendiendo.

P. ‑¿Quieres añadir algo?

R. ‑En primer lugar agradecer la oportunidad que me brinda el pueblo de Castellar y la Asociación Amigos de los Museos. Y en segundo lugar, a Francisco Clavijo Viózquez por haber tenido la oportunidad de conversar con él y de cuyo diálogo ha salido esta entrevista.

Y, como colofón de esta charla, Julián me muestra su obra, repartida por toda su casa y entre la que descubro, asombrado, algunas tintas y acuarelas de su esposa Rosa. De sus cuadros Julián me habla como un padre describiendo a sus hijos, me señala sus cualidades y preferencias, sus virtudes y defectos; pero, ante todos ellos, sale a relucir su amor por la obra creada, en este caso su pintura. Yo, he de confesar que soy un neófito en este tema, pero, desde el primer momento me atrae su variedad, su luz y colorido, su hiperrealismo que, en algunos de ellos, llega a la minuciosidad. Y... descubro una técnica en la que... ¡las piedras son piedras! Quienes vean su pintura  ya me entenderán.

 

Francisco Clavijo Viózquez. Amigos de los Museos de Castellar.


                      

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